Cuando las ideas llegan, no suelen ir por si solas, vienen acompañadas, para hacernos más dificultosa la tarea de selección. Acompañadas de sentimientos y de circunstancias. Así, una idea que proviene de un ser querido es una idea con pase VIP. Una idea que viene de una persona odiosa es una idea que tiene todas las papeletas para ser descartada.
Es importante saber reconocer las ideas más importantes para nosotros, las ideas que nos enseñan cosas, y separarlas del tumulto de acompañantes.
Una vez hecho esto, es el momento de dejarlas bien colocadas. El orden es el modo más sencillo de poder, cuando sean necesarias, saber que están ahí, saber como encontrarlas rápidamente y de esta manera evitar, como ocurre constantemente, el no saber de su existencia permitiendo la entrada y pasada de filtro de una nueva idea que acaba siendo incompatible con una idea previa.
Se hace así necesario ordenar nuestras ideas bajo un sistema coherente para no vivir inmersos en una incongruencia mental.
Lo dicho anteriormente sobre el orden de las cosas no quiere decir que una idea establecida previamente tenga supremacía sobre una idea nueva recién llegada, sino que lo que se pretende es tener disponibilidad de ideas para su comparación, y analizar de esta manera más fácil la una en función de la otra para acabar descartando la una y almacenando la otra.
La claridad de ideas es simplemente una manera de disponer de lo que uno piensa para sí, teniendo entonces facilidad de aprendizaje y selección de nuevas formas de conocimiento.
En definitiva, hay que sacar conclusiones.
Es sorprendente ver como el no tener las ideas claras causa multitud de conflictos.
Hay cosas que pesan demasiado, otras ligeras, unas tantas que son muy pequeñas, otras que son demasiado grandes y que empujan a otras, que son más delicadas y las obligan a apretujarse, causando errores de pensamiento. El caos, el desorden, es lo que nos lleva a conflictos. El cambiar de idea, el pensar otra cosa en un contexto social e incluso individual puede ocasionar consternación y confusión. El no tener las ideas claras, ordenadas, sin que unas afecten negativamente a las otras nos provoca, en la mayoría de casos, un conflicto exterior y una batalla interior como consecuencia.
Para Andrea, por tener que soportar mis errores de pensamiento.